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LA CASA MÓVIL
Hacía sol. Jonás había terminado de hacer la tarea. Bajó a jugar con su amigo Enrique. Al ir hacia el campo de fútbol vieron una casa móvil estacionada en la calle. Jonás tocó por curiosidad la puerta y se sorprendió al ver que cedía.
—¡Enrique, mira, está abierta!
—¡Cuidado! A lo mejor hay alguien dentro —respondió Enrique.
—¿Hay alguien aquí? —gritó Jonás, metiendo la cabeza.
Como nadie respondió, entró solo, seguido de Enrique. ¡Qué preciosa estaba!
Tenía una mesa, asientos, armarios y hasta una cocina y una regadera.
—¡Menudo escondite! ¡Y qué bien se debe vivir aquí! —dijo Enrique—. Pero vámonos, que tenemos que jugar antes de que anochezca.