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LA CASA MÓVIL
(Continuación)
Se pusieron a jugar al fútbol con cuatro amigos que ya los esperaban. Iban perdiendo por seis goles cuando llegó el padre de Daniel para llevarlo a casa. Los demás también empezaron a irse. Jonás y Enrique volvieron a pasar al lado de la casa móvil, y entraron otra vez. Se sentaron a la mesa y corrieron un poco las cortinas de una ventana.
Como era casi de noche, veían a la gente que pasaba, pues la iluminaban las luces de la calle; a ellos no los podían ver, ya que estaba muy oscuro dentro.
—Oye, Enrique, podríamos traer algún juego.
Se quedaron completamente callados al oír un ruido fuera. Conteniendo la respiración, vieron cómo se entreabría la puerta y volvía a cerrarse.
—¡Clac! ¡Clac!
Alguien estaba cerrando con llave.
—Ahora sí la hemos hecho buena —pensaban los dos sin atreverse a mover un dedo.
—¿Qué hacemos ahora? —dijo por fin Jonás, haciendo un esfuerzo enorme para que Enrique no notara el miedo que sentía.