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LA CASA MÓVIL
(Continuación)
—Aquí hay muchas ventanas. ¿Se podrán abrir? Ten cuidado y no rompas nada —contestó Enrique—. ¡Uff! ¡Qué duras están! ¿Puedes abrir alguna?
—Es que no veo casi nada. Si tuviéramos una linterna —dijo Jonás—. ¿Y si nos quedamos a dormir aquí?
—No, nuestros padres se preocuparán mucho y avisarán a la policía para que nos busquen —replicó Enrique—. A ver si ves a alguien conocido y le gritas.
El tiempo pasaba sin que nadie se acercara por la calle. Escalofríos de miedo tenían los muchachos. A Jonás se le ocurrió acercarse a la puerta y girar la perilla que había por dentro. ¡Sorpresa! La puerta no estaba cerrada.
—¡Enrique, esto se abre! ¡Salgamos!
Salieron corriendo y no pararon hasta llegar a su casa, donde contaron todo a sus hermanos, aunque les dijeron que en ningún momento habían sentido miedo.